lunes, 12 de enero de 2015

SALIENDO DE LA CAVERNA

¿Por qué se llama así este espacio dialéctico? Elegimos esta expresión como sello de identidad de este blog, inspirados en la lectura de la alegoría de la caverna que Platón desarrolla en el libro VII de la República. En ella el filósofo griego compara al hombre sin educación con un prisionero que, encadenado de piernas y nuca en una caverna, está forzado desde niño a mirar hacia una pared en la que se proyectan meras sombras y apariencias que él toma por lo que es real y verdadero. La tarea de la educación ‑de la paideia‑ consiste en liberar al joven de estas cadenas para que pueda volver la mirada a su entorno, reconocer que está atrapado en esa morada cavernosa, y vislumbrar que al final de ésta se encuentra la puerta de salida al mundo exterior donde brilla la verdadera realidad. 

Aplicando esta alegoría a nuestro tiempo, identificamos la caverna con la educación actual, donde nuestros jóvenes están atrapados por las cadenas de la ignorancia, de la falta de oportunidades y de horizontes de desarrollo personal. 

Saliendo de la caverna es un llamado a colaborar en el desarrollo del bien común por medio del mejoramiento y la dignificación de la educación. 

Los editores

DESARROLLAR LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES






En nuestro país la educación valora sólo lo que es la inteligencia lógica y matemática, dejando de lado las capacidades de otra índole, provocando así una discriminación entre estudiantes. Si un estudiante no es bueno para los cálculos matemáticos se le tilda de “tonto”, en cambio al estudiante hábil para esta materia se le denomina “inteligente”.

Howard Gardner postula una teoría que habla sobre las inteligencias múltiples, las cuales demuestran que no sólo la matemática es la más importante, ya que él habla de la inteligencia como la “capacidad mental de resolver problemas y/o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas”. Por tanto, propuso otros tipos de inteligencias como lo son la lingüística, corporal – quinésica, visual – espacial, musical, interpersonal, intrapersonal y naturalista, las cuales sirven de manera particular para una clase determinada de situaciones o profesiones.

Además, Gardner afirma que las inteligencias no son solamente innatas, sino que el individuo tiene la capacidad de desarrollarlas con el entrenamiento y motivación adecuados.

La teoría de Gardner argumenta que los estudiantes tendrán una mejor educación si se tiene una visión más amplia de ésta, en donde los profesores usen diferentes metodologías, ejercicios y actividades que lleguen a todos los estudiantes, no sólo a aquellos que tienen éxito en la inteligencia lógica y matemática, sino a todos los alumnos. Esto ayudaría a integrar a los alumnos de una manera más pareja, no habría discriminación por “quién sabe más”, ya que todos serán buenos en diferentes áreas. Con estas medidas dejaríamos de ser esclavos del sistema, pues ya no seríamos lo que éste quiere y pasaríamos a ser algo que nosotros mismos habremos elegido.

Stephania Erices Cartes

DEFORMAR PARA EDUCAR






La educación actual forma al educando para que sea un ciudadano funcional, es decir, funcional para el Estado, para el mercado o, en general, para el sistema social imperante. Lo transforma en una pieza que cumple una utilidad práctica en una gran máquina llamada sociedad, para la cual es más fácil controlar a las masas cuando éstas han sido condicionadas desde pequeñas a responder como se les pide. Se elimina así la amenaza de que cualquiera ejerza su libre voluntad, haciendo que los hombres dejen de ser hombres, para ser convertidos en cosas que deben cumplir un fin establecido. Autómatas que siguen órdenes.


Para conseguir esto se somete a las personas a una educación que les exige la asimilación de lo que Whitehead llama “ideas inertes”, lo que en palabras de Platón corresponderían a “[...] algunos de los objetos de las percepciones [que] no incitan a la inteligencia al examen, por haber sido juzgados suficientemente por la percepción, mientras otros sin duda la estimulan a examinar, al no ofrecer la percepción nada digno de confianza.” (Platón, República, VII 523 b). Estas ideas inertes son menos inteligibles, puesto que no contienen una utilidad para entender otras ideas, es información estática que el estudiante debe aprender de memoria puesto que no consigue ver su sentido. Y así es adoctrinado para acatar, sin cuestionar la información que le es entregada como única verdad. En el juego de la erudición, los mejores jugadores son los que no se quejan, los que no tienen ninguna capacidad crítica, y a veces no parecerían tener características propias de la identidad del ser humano. Son tal como los prisioneros en la caverna de Platón, expertos conocedores de las sombras que danzan frente a ellos, pero completos ignorantes del sol que brilla afuera. “Un hombre simplemente bien informado es lo más fastidioso e inútil que hay sobre la tierra.” (Los fines de la Educación, p. 15) 


Tal como Stanley Milgram demostró en su experimento sobre la obediencia a la autoridad, las personas que han recibido esta educación basada estrictamente en ideas inertes, vienen a ser sujetos comunes y corrientes, heterónomos, que a la larga han dejado de actuar como personas, para pasar a ser meros instrumentos de voluntades ajenas, puesto que la educación que han recibido los ha hecho mediocres, sumisos e incapaces de actuar de acuerdo a sus propios principios morales. Pero, por otro lado, el que no está dispuesto a ser un buen jugador, el que se atreve a querer algo diferente es molesto para la organización, y es castigado por su búsqueda de autonomía. El que no accede a ser transformado en un erudito, debe sufrir las consecuencias de preferir la sabiduría. El individuo es perseguido por no querer ser parte de la masa. Es lo que le sucede al filósofo que regresa a la caverna, en la alegoría de Platón, después de que ha sido liberado de las cadenas que lo tenían atado y ha conocido la verdad: “Tampoco sería extraño que alguien que, de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes […].” (Platón, República, VII 517 d)


Y el entrenamiento para la PSU es sólo otra forma de fabricar ciudadanos funcionales, es decir, funcionarios. El estudiante se ve sometido a una categorización perversa, que mide su utilidad de acuerdo al puntaje de una prueba que exige el conocimiento de diversas ideas inertes. A partir de cierto punto, gran parte de los esfuerzos para “educar” al estudiante se ven dirigidos a convertirlo en una máquina de contestar preguntas, algo que de por sí se ve reflejado de una forma u otra durante todo el proceso educativo, pero que se ve aún más acentuado en los últimos años de este proceso. El estudiante queda ahora reducido, no a calificaciones, sino a un puntaje que define, en cierta medida, las posibilidades de continuar su educación. Pero, de nuevo lo que se evalúa son más ideas inertes, ¿qué calidad de evaluación es, entonces? Una prueba estandarizada no hace más que deshumanizar aún más a los estudiantes, pues ignora deliberadamente las cualidades que lo hacen único, pidiéndole capacidades que el sistema valora, y que más que capacidades, son aptitudes para ser un ciudadano funcional al sistema, es decir, un ciudadano que básicamente tiene que responder del modo como se le pide. Así, sería preferible no tener en la PSU el rendimiento que se considera correcto, pues implicaría degradar la propia condición de ser humano, sin embargo, tal como está establecido el sistema educacional actualmente en este país, el estudiante está obligado a ceñirse a los protocolos si quiere continuar sus estudios y comenzar a educarse verdaderamente en la universidad.



Ahora bien, ¿cómo tendría que estar focalizada la educación para revertir esta situación? Si actualmente lo que hace el sistema educativo es formar ciudadanos funcionales, entonces hay que aspirar a una educación cuyo propósito sea deformar. “Por consiguiente, la educación sería el arte de volver este órgano del alma (el intelecto) del modo más fácil y eficaz en que puede ser vuelto, mas no como si le infundiera la vista, puesto que ya la posee, sino, en caso de que se lo haya girado incorrectamente y no mire adonde debe, posibilitando la corrección.” (Platón, República, VII 588 d). Y así, la educación tiene que ser “[...] un volverse del alma desde un día nocturno hasta uno verdadero; o sea, de un camino de ascenso hacia lo que es, camino al que correctamente llamamos 'filosofía'.” (Platón, República, VII 521 c). La corrección de la vista tiene que llevar al estudiante a salir de su ignorancia, a salir de la caverna que Platón describe, para que contemple la verdad y comience su ascenso en la línea divisoria del conocimiento (República, VI), hasta que logre inteligir las causas del ser, el sol según la alegoría de la caverna (República, VII) y, así permitirle el amor por el conocimiento, la filosofía, que lo guiará hacia el Bien y a la Belleza, de los cuales está falto y por eso los desea (cf. Platón, Banquete, "Discurso de Diótima"). Como dice Whitehead: “Desde el comienzo mismo de su educación, el niño ha de sentir la alegría del conocimiento, debe descubrir que las ideas generales dan una comprensión de esa corriente de acontecimientos que fluye a través de la vida, que es su vida.” (Los fines de la Educación, p. 17). Así, la educación conseguiría formar personas libres, con capacidad suficiente para ejercer su libre voluntad, personas que según Whitehead tendrían verdadero estilo.


Bibliografía:
Platón. República VII. Madrid: Editorial Gredos, 1986.
Whitehead, Alfred. Los fines de la educación y otros ensayos. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1971.

Antonia Arriagada Rebufel



PROFESORES, NO SOMOS TABLAS EN BLANCO



La palabra “alumno” proviene del término “alere”, que significa alimentar o nutrir. Tal vez esta oración parezca trivial, es solo la etimología de una palabra. Pero no señores, esta controvertida frase es la declaración del objetivo del sistema educacional actual; sistema que establece a los estudiantes como sujetos pasivos en nuestra educación, esperando ser “alimentados” con una educación de poca calidad, en la que no desarrollamos habilidades (más allá de las mnemotécnicas); sino que solo nos sentamos ocho horas al día a ingerir datos para que luego sean vomitados en una prueba.

La concepción vigente del aprendizaje supone que los estudiantes solo aprendemos en el colegio, negando la capacidad de investigación innata del hombre, negando su curiosidad y su capacidad de reflexión sobre las situaciones cotidianas. Todo niño pregunta constantemente; sin embargo, la escuela no busca fomentar este natural cuestionamiento, más bien lo entierra bajo capas de ideas inertes e innecesarias para responder sus preguntas. Creemos que el que sabe más es más inteligente, pero ya casi nadie sabe que no sabe. Y a la larga, el niño una vez curioso, se rinde a tanto conocimiento inútil, obligado a memorizarlo y perdiendo su interés por cuestionar la realidad.

Si bien el sistema educacional que estoy criticando es el más difundido, es imposible negar la existencia de otro tipo de metodologías, como la de Waldorf o Montessori; pedagogías “más humanas”, que explotan esa curiosidad innata de sus estudiantes para construir conocimiento. Sin embargo, es aquí cuando queda en evidencia el mayor de los problemas de la educación: se le da un fin como formadora de funcionarios necesarios para trabajar y mover la economía, se cree que debe ser rápida, dar resultados precisos y además elevados, se cree que es un proceso que se puede manipular para obtener la máxima eficiencia (a diferencia de las escuelas antes citadas); pero eso es imposible, la educación es un proceso que dura toda la vida, pues en cada instante en el que el cerebro une dos ideas, estoy aprendiendo. Es incapaz de ser medida porque sus resultados solo se podrán apreciar a largo plazo. Ya no se ve a la educación como el faro que alumbra el destino de los hombres, sino como una máquina procesadora al servicio del utilitarismo económico de una nación. ¡Qué nefasto!

Y esta concepción de la educación influye en los estudiantes de tal forma, que ya ni siquiera nos molestamos en procesar las verdades que nos proponen nuestros profesores; estamos ante una situación crítica señores: si no hay personas capaces de cuestionar ni la realidad, ni las verdades, ni las acciones del país ¿cómo seguiremos avanzando?, ¿cómo es que progresaremos si no hay nadie que ponga los problemas sobre la mesa, nadie capaz de cuestionar los fundamentos de la sociedad?

Temo que Chile sufra un estancamiento durante esta y la próxima generación, pues seremos incapaces de preguntarnos qué hay que hacer y cómo hacerlo. Careceremos de la capacidad más importante del ser humano: cuestionar. Los estudiantes ya ni siquiera contemplamos la verdad de las cosas, no nos molestamos en salir de la caverna platónica; y si seguimos así, terminaremos por ser una masa únicamente estimulada por medios de comunicación, a merced de tendencias insustanciales y líderes sofistas.

Los alumnos no somos tablas en blanco esperando que alguien escriba sobre ellas, somos seres capaces de comprender y de cuestionar, no lo olviden nunca profesores.

Profesores, no permitan que el mañana se estanque, vuelvan a estimular nuestra capacidad de preguntar, vuelvan a formar amantes de la verdad, vuelvan a formar verdaderos líderes, vuelvan a formar filósofos.

“Lo importante es no dejar de hacerse preguntas” Albert Einstein.

Diego Ojeda Soto

NO APAGUEN NUESTRO DESEO NATURAL DE APRENDER


Yaiza Lorenzo

POR QUÉ UNA EVALUACIÓN PERIÓDICA DE LOS PROFESORES

Uno de los errores que actualmente se cometen en la educación chilena, es la permanencia de docentes en su ejercicio sin una correcta evaluación de su desempeño, lo que permite generar y mantener una serie de vicios en los profesores, como la pedantería, la rigidez de su pensamiento y conocimiento o la inhabilidad de incentivar a los alumnos a superarlos, no desafiándolos y limitándolos a ser personas heterónomas.

Es posible, e incluso probable, que la evaluación inicial que los facultaba para enseñar no haya sido la óptima, y entonces nos encontramos con docentes que desde un principio no debieron hacer clases y que son amparados por la práctica educativa.

Siguiendo a Platón, podríamos concebir a los profesores incompetentes como meros sofistas, y a los profesores ideales como verdaderos filósofos. Los primeros basarían sus clases en la genialidad que aparentan con su buen ejercicio de la retórica, con su capacidad de lograr que sus alumnos repitan cada contenido que les enseña, con su acabada forma de resolver sus dudas y cuestionamientos o simplemente con la inamovilidad y la rigidez de sus métodos que pueden no ser efectivos. Y los segundos, como aquellos que permiten, posibilitan y estimulan el aprendizaje de sus alumnos. Éstos últimos constituyen un puente educativo por el cual el estudiante debe pasar para desarrollarse y crecer en autonomía, en conocimientos y en habilidades. Pensamos que el buen profesor debe enseñar solo lo que sabe, sirviéndose del ejercicio de la mayéutica, para instar al estudiante a descubrir la verdad, la cual trasciende al maestro. Para que realmente progrese, el alumno debe ser capaz de superar a sus profesores.

Entonces, ¿por qué una evaluación periódica de los profesores? Porque tanto los conocimientos como los pensamientos se hayan relacionados con el contexto social, y, por ende, evolucionan con éste. Por consiguiente, los profesores deberían ser capaces, en cualquier momento de su ejercicio, de dar cuenta de tales cambios al transmitir sus enseñanzas a los alumnos.

¿Deben participar los alumnos en esta evaluación? Sí, porque ellos son quienes se ven afectados por la calidad de los profesores, en ellos se refleja su desempeño y porque también poseen el derecho de guiar parte del movimiento de su hacer clic en guardar proceso educativo.

Debería evaluarse de manera periódica a los profesores, y en este proceso, participar también en algún 
grado el alumnado.

Valentina Alarcón Rendich






NO MÁS MATERIAS INÚTILES, POR FAVOR


Eduardo  Paz

APOSTEMOS POR UNA EDUCACIÓN DIALÓGICA




Una de las medidas que contribuirían a formar una educación ideal, sería entregarle un carácter dialógico a ésta. ¿Pero qué es realmente el diálogo? Según su significado etimológico es el pensamiento que fluye a través de varios interlocutores, o de un interlocutor a otro, (de dia: "a través de", y logos: "palabra", "pensamiento", "razón"). Este sentido genuino de diálogo se transformó en el método de enseñanza por excelencia para Platón, razón por la cual la mayor parte de sus obras están escritas en forma de diálogo. El método de enseñanza platónico se fundamenta en la teoría de la reminiscencia, la cual afirma que el alma es preexistente e inmortal, por tanto, ya lo sabe todo y no hay nada que pueda aprender, pero sí mucho que pueda recordar. Valiéndose del arte de la mayéutica, que es el arte que tiene Sócrates para alumbrar las ideas que laten en el interior de sus discípulos, es posible demostrar que la verdad, en cierto modo, descansa dentro de uno mismo y está esperando a ser alcanzada, a ser visualizada por nosotros al llegar a ella. Es por esta razón por la que valoramos el diálogo como método pedagógico esencial e imprescindible. Como nos enseña la alegoría de la caverna de Platón, la labor del educador sería liberar al sujeto de sus ataduras, para así sacarlo del mundo de las sombras y guiarlo hacia la verdad, hacia el sol, que representa el bien.

Es este el método que debería ser utilizado en las aulas de los colegios. Tomar en cuenta opiniones, críticas y preguntas que pueda plantear el alumno, dejando de lado el supuesto de que el profesor es quien posee el conocimiento y que el alumno es un mero receptor de éste, para dar paso a un método que permita la participación del estudiante con el fin de obtener una mayor riqueza educacional. Así lograríamos un mayor interés por parte del alumno, puesto que se vería en una instancia de sentirse integrado dentro de su propio proceso de aprendizaje y por tanto, éste le resultaría a su vez más atractivo e importante.

Dejar de lado las “ideas inertes” planteadas por Whitehead para dar paso a un proceso educacional participativo, que se dedique a analizar, cuestionar y buscar el conocimiento propiamente tal.

Celeste Camus Salinas

DESPERTAR LA PASIÓN POR EL SABER




El objetivo principal de la educación es permitir que las personas desarrollen todas sus habilidades y talentos, es decir, alentar al estudiante a que llegue a ser lo que es en esencia y potencialmente, tal como decía Píndaro, el famoso poeta griego del siglo V a. C.

Sin embargo, actualmente el sistema educacional chileno anula el desarrollo de capacidades debido a diversos factores, la sistematización de la materia, el extenso horario, la poca motivación de los estudiantes, etc. ; pero ¿cómo cambiamos esto? ¿Existe una forma de reencantar a los estudiantes? Sí, haciéndoles entender la importancia del conocimiento, despertar en ellos la pasión por el saber. Para ello existen diversos factores, uno de los más importantes es el rol de los maestros, debido a que ellos son los encargados de motivar al alumno, de hacerles entender lo importante que es el conocimiento en sus vidas. Sócrates definiría a los maestros como parteras, ya que al igual que ellas, los docentes son los encargados de dar a luz el conocimiento que late en el interior del estudiante; y es así como Chile debería valorar a sus profesores, como el conducto o herramienta para llegar al conocimiento verdadero. De hecho, el significado etimológico de la palabra "pedagogo" es aquel que conduce al niño hacia el saber.


Otro actor activo en esto, es la organización del sistema, ya que si nos preocupamos de enseñar mucho contenido superficial y no de especializarnos en alguno, como dice Whitehead, produce desinterés. Los contenidos entregados deben ser precisos y profundos, para despertar en el alumno atracción por el aprendizaje, deben sentir que están estudiando algo útil y que son importantes, deben sentir que el sistema fue creado para ellos y para sacar lo mejor de ellos.



Por otra parte, es necesario considerar que cada estudiante tiene una historia, una familia y un contexto de vida, por lo que considero que las instituciones debiesen trabajar caso a caso, ya que no estamos elaborando productos, sino formando personas. Además, cada alumno aprende distinto y de forma distinta, es por ello que si los conocimientos entregados fuesen específicos, los alumnos podrían demostrar y desarrollar aún más sus habilidades.



Finalmente, los actores esenciales en esta historia son los estudiantes, ya que son ellos los encargados de comprometerse con el buen desempeño, de querer llenar sus almas de sabiduría y exigir esto de los maestros. El amor al conocimiento no se “despierta” de un momento a otro, se debe trabajar en ello.



Si logramos humanizar nuestro sistema educacional y hacer estas medidas posibles, la educación cumplirá su objetivo y mucho más.


Gladys Celedón Muñoz

DESVALORIZACIÓN SOCIAL DEL PROFESOR



En los diálogos de Platón, se puede apreciar la enorme importancia que se concedía al papel del profesor, ya que era él quien transmitía toda la sabiduría a su alumno mediante la mayéutica socrática y la dialéctica platónica. Era una figura social realmente destacable ya que ellos eran considerados personas sabias y dignas de seguir. En el caso de Sócrates, que vivió en una Grecia donde la forma primordial de enseñanza era oral, los alumnos estaban dialogando por horas con el maestro, el cual de este modo les ayudaba a dar luz por sí mismos las ideas y verdades que estaban latentes en el interior de su alma. Por otro lado, en la época del mayor discípulo de Sócrates, Platón, ya se empezó a utilizar la escritura, pero el rol del maestro siguió siendo relevante. El maestro ocupa el centro de la paideia, de la tarea de formación y civilización.

Lamentablemente, en la sociedad chilena del siglo XXI la figura social del profesor ha sido muy desvalorizada, ya que no se le reconoce la real importancia a esta profesión. A los docentes se le exige la misma cantidad de años de estudio que a otras carreras universitarias, pero la remuneración que reciben al ya estar trabajando es muy inferior respecto de éstas. Hoy en día cuando una persona decide estudiar pedagogía teniendo la posibilidad de estudiar otras profesiones mejores pagadas genera una especie de “decepción” en las otras personas, ya que consideran que debería estudiar algo “mejor”. Además, los profesionales de pedagogía no cuentan con las condiciones para poder ejercer su profesión de manera correcta, ya que hay alrededor de 35 alumnos por profesor en cada sala y éste no puede enseñar a todos ya que cada uno cuenta con realidades y habilidades diferentes para aprender. Además hay que mencionar que la docencia requiere una gran cantidad de tiempo para poder planificar las clases, revisar pruebas u otras tareas, pero por desgracia no se les entrega ese tiempo dentro de su jornada laboral teniendo que dedicar tiempo personal para esas actividades.

Estas situaciones deben ser corregidas, ya que el profesor cumple un rol fundamental en la sociedad y en la educación de las futuras generaciones: de él depende que la persona adquiera conocimientos importantes para poder desenvolverse en las diferentes situaciones que se le presenten. También, si el docente no es capaz de desarrollar bien su labor, difícilmente logrará hacer que el alumno desarrolle un propio pensamiento o la habilidad de ser crítico frente a las cosas que se le presenten. Se espera que las personas logren entender esto y valoren la docencia en su real valor y no se desprestigie más esta profesión.

Matías Navarrete Cárcamo

NO MÁS IDEAS INERTES



Uno de los aspectos negativos de la educación tal cual se concibe hoy en día, es, precisamente, la enseñanza de contenidos sin ninguna relación entre sí. Cada materia se hace parte de un universo completamente distinto, por lo cual el alumno se ve obligado a segmentar cada tipo de conocimiento que le es entregado, sin detenerse siquiera a pensar en cómo ciertos elementos pueden influir o ser parte de distintos ámbitos educacionales a la vez. Los contenidos de tales materias son etiquetados por Whitehead como “ideas inertes”. Ideas que nos limitamos a recibir sin analizar o cuestionar. Contrario al objetivo de la filosofía, este tipo de enseñanza sólo nos lleva a la construcción de mentes conformistas, que en vez de verdad, buscan comodidad, en vez de educación, buscan algo estático, que no cambie, que no sea molesto.

Probablemente, en la sociedad de masas que existe hoy en día esta enseñanza sea la más conveniente, puesto que contribuye a conformar una masa dócil, que acepte la imposición de quien supuestamente posee mayor cantidad de conocimientos y por ello, haga caso a todo lo que esta figura aparentemente jerárquica le ordene. Mediante este tipo de enseñanza el alumno es incapaz de desarrollar plenamente su inteligencia y, por ende, alcanzar una comprensión profunda de la realidad. En relación a esto, pensamos que el objetivo de la educación sería encauzar al estudiante hacia el último grado de conocimiento de la realidad, la dialéctica, tal como explica Platón en el libro VI de la República, mediante la imagen de la línea divisoria del conocimiento. A través de ésta, Platón explica cómo el individuo debe ascender desde el conocimiento más básico y precario de la realidad, donde ésta se reduce a meras sombras y apariencias, hasta alcanzar la ciencia suprema de la realidad, la dialéctica, que nos permitirá comprender la esencia de todas las cosas. Lamentablemente, la educación actual se halla muy lejos de buscar este objetivo, no se propone desarrollar al máximo la inteligencia, manteniéndonos siempre en los niveles más básicos de ésta.

Si bien es cierto que toda Idea existe en y por sí misma, también es verdadero que -como dice Platón en el Menón- la realidad entera está relacionada entre sí, está emparentada, pues se conecta con un mismo principio; por tanto, el conocimiento en sí no está segmentado por áreas, sino que es un todo entrelazado, puesto que, como dirá Platón, es la Idea misma del Bien la que fundamenta, da realidad e ilumina a todas las demás ideas. Por consiguiente, si el conocimiento constituye un todo integral la educación actual no debería obviar este hecho, impartiendo la enseñanza de materias inconexas, la cual resulta increíblemente perjudicial para quien la recibe, debido a que sólo potencia el conformismo, el aprendizaje memorístico y acrítico, en desmedro de una educación que nos dé las herramientas para poder relacionar los diversos aspectos de las cosas y así comprender tanto su utilidad como su importancia de mejor manera.

Celeste Camus Salinas

DESCUBRIR AL FILÓSOFO QUE HAY EN NOSOTROS


Yaiza Lorenzo

LA EDUCACIÓN COMO PROCESO DE HOMOGENIZACIÓN

La inacción de los estudiantes, la coacción en las aulas de clases, el rol fundamental de los libros de texto –otorgado por el mismo Ministerio de Educación- para ligar a los escolares con las materias y la estaticidad de los conocimientos enseñados, así es como funciona nuestra “gran” estructura educativa hoy en día, donde en éste ensayo pretendo abordar precisamente éste tema, partiendo con la siguiente tesis: “El objetivo ya no es aprender, sino aprobar con éxito un test como el SIMCE, la PSU y otras pruebas estandarizadas”

¿Es un sistema castigador? Claro que sí, que busca evaluar objetivos mediante calificaciones, donde la consecución de un objetivo conlleva un premio, y el resultado indeseable, un castigo. De esa forma es un número el que define nuestro desempeño e incluso nuestra calidad como persona, no reconociendo al estudiante como sujeto único, singular e irrepetible, lo cual violenta claramente su individualidad. Se cría al niño en base a premiar y castigar sus acciones bajo el criterio de un adulto y de una malla curricular rígida, con pocas perspectivas en cuanto a contenidos. En su libro Vigilar y Castigar, M. Foucault nombra tres elementos que coexisten en la educación; éstos son: la vigilancia jerárquica, la sanción normalizadora y el examen, los cuales se imponen mediante tecnologías específicas de poder en las aulas de clases, calificando a los alumnos de buenos y malos, normales y anormales. Esto se hace con un objetivo claro: ejercer hegemonía y establecer homogeneidad en el estudiantado para volverlos dóciles. Cuando se basa la educación en premios y castigos se está vinculando fuertemente al condicionante externo, así el estudiante adopta un papel pasivo en el tema de la decisión. Si bien este procedimiento puede ser eficaz los primeros años, después se gesta una mentalidad en el niño por la que cree que la educación se reduce sólo a ésta dicotomía de premio y castigo, pierde el interés en el estudio y se genera en él un desgano tal que lo único que ansía es dejar tan pronto como sea posible el colegio. Está generalizada la creencia errónea en la instrucción, de índole autoritaria, donde vemos que el adulto, por tener las capacidades más "desarrolladas y dadas a sus experiencias" se cree que tiene derechos encima del alumno. Otro autor, Paulo Freire, plantea también que la narración de los contenidos en la escuela tiende a petrificarse y esto implica la estructura de un sujeto activo, que habla —el educador— , y unos “objetos” pasivos, que oyen —los educandos—. Éstos fijan, memorizan y repiten los contenidos que les son enseñados. El autor denomina a éste tipo de educación, “educación bancaria” .

Sin embargo, para el gran filósofo que fue Platón, la educación era el proceso que permite al hombre tomar conciencia de la existencia de otra realidad, más alta y más plena, a la que está llamado, de la que procede y hacia la que se dirige. Por tanto, “la educación es la desalienación, la ciencia es liberación y la filosofía es alumbramiento”. Este filósofo idealista concebía la educación como la luz del conocimiento. Pero cuando nos dirigimos a un liceo o colegio ¿es realmente así? Parece que la educación ha ido perdiendo su verdadero objetivo, perdió esa concepción de luz del saber para cambiarla por otra que le otorga un carácter funcional, es decir, se nos presentan los libros como instrumentos de control social, donde existen límites y procesos a los cuales deben ser sometidos los contenidos a publicar, un panorama que se vive hoy en las mallas curriculares. Juegan el rol de la caverna: un lugar de encierro que intenta mostrar la realidad a sus alumnos a través de sombras. ¿Por qué sombras? Porque el conocimiento que entrega y las experiencias que cobija, muchas veces son una vaga idea de lo que la realidad es. El establecimiento no puede ser un lugar de encierro para el conocimiento, debe ser un microuniverso del conocimiento y de las experiencias que suceden fuera de ella. Es un tema que da para reflexionar y tornarnos críticos de nuestro entorno, ya que va fuertemente vinculado con nuestro sistema económico que tenemos arraigado hoy en día. Aprendamos a reconocer que las inteligencias son múltiples, en la diversidad del aprendizaje, y ayudemos con todas éstas herramientas a crear integridad en el ser humano, que el neoliberalismo fracciona para sus intereses, usemos el conocimiento como una utilidad al servicio del ser humano, y no al servicio del mercado ni del Estado. Dejemos atrás lo cuantitativo, demos más espacio a lo cualitativo, y que ojalá todos logren entender que para educar no es necesario dar una serie de conocimientos inertes, sino más bien encender la llama del deseo de saber en el estudiante.

Javier Ortiz Gajardo

EDUCACIÓN SIN CENSURA


Eduardo Paz

DEVOLVAMOS AL PROFESOR SU PRESTIGIO




Actualmente, tanto la población como el gobierno han comenzado a reconocer la necesidad e importancia de los profesores en nuestra sociedad; finalmente, se han dado cuenta de que la influencia de los profesores en la vida de las personas es tremenda, y así lo es también en el desarrollo de toda civilización. Frente a esta nueva concepción de la pedagogía, el Estado ha impulsado una serie de medidas que buscan derribar los prejuicios y perjuicios que tiene la carrera docente y su ejercicio.

Si bien estas medidas han logrado atraer a un número no menor de postulantes para ser educadores, el problema radica en que estos posibles docentes carecen tanto de las condiciones laborales propicias, como de la vocación suficiente para formar a las futuras generaciones.


Las condiciones laborales actuales son paupérrimas para poder hacer bien un trabajo tan importante, ya que los profesores disponen de una cantidad desproporcionada de horas en aula versus las horas de planificación de clases, y sus salarios son inconsecuentes con la cantidad de trabajo que tienen (revisar pruebas, preparar clases, hacer guías y presentaciones). Además de esta lamentable situación, nos encontramos con que estos futuros docentes estudian pedagogía porque la carrera es de bajo costo y, a su vez, ofrece muchos beneficios, llegando a ser profesores personas que no tienen interés alguno en elevar el espíritu humano, ni en enseñar el amor a la verdad y, finalmente, al bien.

¿Cómo lograr una educación de calidad si los profesores, piezas clave en la educación, ven su trabajo obstaculizado tanto por las circunstancias como por la falta de voluntad que manifiestan algunos de ellos?

Es menester que los docentes vean reconocidos sus esfuerzos por educar a los jóvenes; es fundamental mostrar por qué el trabajo no solo debe hacerse, sino que debe hacerse bien. Pensamos que el educador debe lograr transmitir a sus alumnos el deseo de conocer, es decir, ha de infundir en el alma del educando la filosofía, ya que ésta no es más que el amor por la sabiduría.

Es necesario que los profesores lleguen a tal grado de perfección en su labor que sean capaces de adoptar su propio estilo de enseñanza, su propio método para traspasar el conocimiento, pues no solo sería una prueba de la consumada experticia del maestro, sino que permitiría la variación en las formas de aprendizaje, lo que conllevaría a una mayor motivación de sus estudiantes y, por consiguiente, a una mejor educación. En resumen, si vamos a hacer algo, lo tenemos que hacer bien.

Creo que el ejercicio de la pedagogía es tan importante que se debería someter a los profesores a un “Juramento Platónico”, esto es, a un juramento de honor, análogo al juramento hipocrático de los médicos, mediante el cual se comprometan a hacer todo lo que esté en sus manos por educar a sus alumnos como éstos merecen, y por seguir con rigurosidad las normas de la ética. Sólo así los profesionales docentes estarán contribuyendo efectivamente la sociedad. Proponemos un juramento que les muestre a los nuevos profesores la magnitud de la tarea que valientemente emprenderán durante toda su vida.

Diego Ojeda Soto

ABUSO DE LOS TEST ESTANDARIZADOS



Una prueba estandarizada es una evaluación que se adecua a un formato o que sigue un patrón. En Chile, el sistema educacional decidió que se debía medir la calidad de educación y la preparación de los estudiantes a través de este tipo de pruebas, de las cuales, existen dos años de desarrollo que tienen una importante influencia en cuanto a la medición de las instituciones y los alumnos, éstas son el SIMCE y la PSU. Pero el problema de este sistema es que en primer lugar, la Agencia de Calidad de la Educación, no define que es la “calidad de educación”, por lo que no sabemos lo que se está evaluando y por tanto los resultados obtenidos es solo un reflejo de la capacidad de memorización de los estudiantes de determinada materia y no el aprendizaje. Este problema no sería tan grave si esta prueba no definiera el futuro de las instituciones o de los estudiantes,

Además, y lo que es aún más grave, es que como estas pruebas definen cosas tan importantes, lo colegios se dedican a la preparación de éstas, ayudan a sus estudiantes a memorizar materia y no al verdadero aprendizaje; las instituciones se someten a este régimen porque arriesgan mucho si los resultados salen mal, independiente de que están conscientes que una prueba estandarizada nunca será fidedigna debido a los diversos factores que influyen en los alumnos al momento de rendirlas.

Por otra parte, los maestros se transforman en oradores y no en parteras, repiten información y no buscan dar a luz el verdadero conocimiento; despertar en el alumno el interés por aprender y la luz del conocimiento, esto pasa a segundo plano. Así mismo, le dimos tanta importancia a estos test que se perdió el verdadero sentido de educar, los maestros no son libres de enseñar todo lo que tienen a dentro, se deben regir, tristemente por un programa de estudios que sistematiza lo “importante” , sin dar tiempo para explicar por qué se está estudiando determinada área, por ejemplo, los estudiantes no entienden por qué es importante la matemática o las ciencias, no se les explica, sino que se busca la memorización y los buenos resultados.

Las pruebas estandarizadas no sirven, evitan buscar el verdadero conocimiento y son parte de un sistema educacional que ha mecanizado el aprender que, en definitiva, han hecho que se pierda el objetivo de la educación.

Gladys Celedón Muñoz

NO SE DESARROLLA LA AUTONOMÍA EN LA EDUCACIÓN

La autonomía es la capacidad de normarse a sí mismo o de aceptar o rechazar las normas que otros imponen de manera libre. Actualmente, ésta no se cultiva en la educación. Los niños y jóvenes durante la etapa escolar y también luego de ella, se encuentran atados y fuertemente predeterminados a seguir normas establecidas por otros. Estos seres heterónomos se ven incapacitados de obrar sobre la base de un auténtico discernimiento de lo adecuado o inadecuado, pues no han podido ejercitar una visión crítica de su pensamiento y se quedan estancados en lo que más fácil se les presenta, atados a nociones simples y vagas que probablemente no solucionen los problemas de sus vidas, siendo éstos últimos de cualquier índole, y que de hecho, se alejan del camino correcto para resolverlos.

En la mayoría de los colegios de Chile, y sobre todo en la enseñanza media, no se incentiva ni se valora lo suficiente el desarrollo y el ejercicio del pensamiento crítico y de la autonomía de los alumnos, no se le plantean buenos desafíos ni se insta a que crezcan superando los límites de la escuela.

Desde la enseñanza básica, los alumnos reciben enseñanzas y conocimientos concretos, establecidos con anterioridad, estacionarios y poco dinámicos, con la compañía ineludible de sus profesores, quienes los ayudan y resuelven sus problemas más complejos, o bien, les muestran o facilitan su solución, no dejándolos descubrirla por sí mismos. A medida que crecen y se acercan a la adolescencia, en la enseñanza media esta situación permanece, y las nuevas habilidades que los alumnos deberían estar desarrollando no se ejercitan. La educación se vuelca más bien en la adquisición de contenidos poco dinámicos cuya memorización es calificada, valiendo la mayor parte del resultado del proceso educativo.

Finalmente, muchos profesores y los mismos colegios, significaron una barrera que coarta la trascendencia de las habilidades del pensamiento crítico de los estudiantes y que los deja a la deriva de un mundo exterior que sigue funcionando aún sin críticas efectivas, y que se sirve de esta fresca masa de jóvenes que apenas lograrán definir las decisiones que contemplan sus vidas de manera más directa. Quedan jóvenes vulnerables a una autoridad multiforme, se les ha restado libertad.

Valentina Alarcón Rendich

UNA MIRADA A LA EDUCACIÓN CHILENA

Hoy en día la educación se ha convertido en un constante foco de críticas en las que destacan: Las extensas jornadas a las cuales se ven sometidas los estudiantes, La calidad de los docentes que imparten clases, La poca remuneración y las malas condiciones laborales de los docentes lo que convierte a la pedagogía en una carrera mal vista, etc.

Dentro de todos los aspectos negativos que posee este sistema educativo hay uno que según mi opinión es el aspecto que es más importante a mejorar, ya que si este aspecto no está presente la educación se desvirtúa de su fin último que es educar a los alumnos en su integridad y de una manera tal que se le brinden herramientas al alumno para que se pueda desenvolver en el mundo exterior.

En este sistema se privilegia la cantidad de contenido, los cuales son en su mayoría temas que, luego de su etapa escolar, al alumno ya no le serán de utilidad real, y, si estos contenidos no se ven aplicados de alguna manera pasan a ser contenidos vacíos, contenidos que vagan por nuestro inconsciente ocupando un espacio dentro de nuestro cerebro que podría ser perfectamente empleado para aprender temas que sean más significativos para el alumno y que se tenga certeza de que el alumno va a ser capaz de emplear de alguna manera esos contenidos enseñados y que no solo serán materias que alguna vez me sirvieron para subir un poco mi promedio.

Subir el promedio, esa frase la llevamos todos los alumnos como Dios llevaba la cruz, nuestras notas son como una pesada mochila la cual tenemos que cargar más y más, casi por obligación ya que si no la cargamos tendremos un mal promedio NEM y por lo tanto nuestras posibilidades de educarnos en una universidad se reducen.

En este punto es donde la educación pierde su sentido empírico, ya que el alumno no busca educarse a modo de retroalimentación, sino que lo que busca es tener un buen puntaje en una prueba estandarizada en la cual el alumno “vomita” todo lo que aprendió en esas extenuantes jornadas de estudio para intentar memorizar lo mejor posible esos contenidos que, en el futuro, lo más probable es que jamás vuelva a tocar.

Gonzalo Quijada Iturra