lunes, 12 de enero de 2015

PROFESORES, NO SOMOS TABLAS EN BLANCO



La palabra “alumno” proviene del término “alere”, que significa alimentar o nutrir. Tal vez esta oración parezca trivial, es solo la etimología de una palabra. Pero no señores, esta controvertida frase es la declaración del objetivo del sistema educacional actual; sistema que establece a los estudiantes como sujetos pasivos en nuestra educación, esperando ser “alimentados” con una educación de poca calidad, en la que no desarrollamos habilidades (más allá de las mnemotécnicas); sino que solo nos sentamos ocho horas al día a ingerir datos para que luego sean vomitados en una prueba.

La concepción vigente del aprendizaje supone que los estudiantes solo aprendemos en el colegio, negando la capacidad de investigación innata del hombre, negando su curiosidad y su capacidad de reflexión sobre las situaciones cotidianas. Todo niño pregunta constantemente; sin embargo, la escuela no busca fomentar este natural cuestionamiento, más bien lo entierra bajo capas de ideas inertes e innecesarias para responder sus preguntas. Creemos que el que sabe más es más inteligente, pero ya casi nadie sabe que no sabe. Y a la larga, el niño una vez curioso, se rinde a tanto conocimiento inútil, obligado a memorizarlo y perdiendo su interés por cuestionar la realidad.

Si bien el sistema educacional que estoy criticando es el más difundido, es imposible negar la existencia de otro tipo de metodologías, como la de Waldorf o Montessori; pedagogías “más humanas”, que explotan esa curiosidad innata de sus estudiantes para construir conocimiento. Sin embargo, es aquí cuando queda en evidencia el mayor de los problemas de la educación: se le da un fin como formadora de funcionarios necesarios para trabajar y mover la economía, se cree que debe ser rápida, dar resultados precisos y además elevados, se cree que es un proceso que se puede manipular para obtener la máxima eficiencia (a diferencia de las escuelas antes citadas); pero eso es imposible, la educación es un proceso que dura toda la vida, pues en cada instante en el que el cerebro une dos ideas, estoy aprendiendo. Es incapaz de ser medida porque sus resultados solo se podrán apreciar a largo plazo. Ya no se ve a la educación como el faro que alumbra el destino de los hombres, sino como una máquina procesadora al servicio del utilitarismo económico de una nación. ¡Qué nefasto!

Y esta concepción de la educación influye en los estudiantes de tal forma, que ya ni siquiera nos molestamos en procesar las verdades que nos proponen nuestros profesores; estamos ante una situación crítica señores: si no hay personas capaces de cuestionar ni la realidad, ni las verdades, ni las acciones del país ¿cómo seguiremos avanzando?, ¿cómo es que progresaremos si no hay nadie que ponga los problemas sobre la mesa, nadie capaz de cuestionar los fundamentos de la sociedad?

Temo que Chile sufra un estancamiento durante esta y la próxima generación, pues seremos incapaces de preguntarnos qué hay que hacer y cómo hacerlo. Careceremos de la capacidad más importante del ser humano: cuestionar. Los estudiantes ya ni siquiera contemplamos la verdad de las cosas, no nos molestamos en salir de la caverna platónica; y si seguimos así, terminaremos por ser una masa únicamente estimulada por medios de comunicación, a merced de tendencias insustanciales y líderes sofistas.

Los alumnos no somos tablas en blanco esperando que alguien escriba sobre ellas, somos seres capaces de comprender y de cuestionar, no lo olviden nunca profesores.

Profesores, no permitan que el mañana se estanque, vuelvan a estimular nuestra capacidad de preguntar, vuelvan a formar amantes de la verdad, vuelvan a formar verdaderos líderes, vuelvan a formar filósofos.

“Lo importante es no dejar de hacerse preguntas” Albert Einstein.

Diego Ojeda Soto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario