lunes, 12 de enero de 2015

DEVOLVAMOS AL PROFESOR SU PRESTIGIO




Actualmente, tanto la población como el gobierno han comenzado a reconocer la necesidad e importancia de los profesores en nuestra sociedad; finalmente, se han dado cuenta de que la influencia de los profesores en la vida de las personas es tremenda, y así lo es también en el desarrollo de toda civilización. Frente a esta nueva concepción de la pedagogía, el Estado ha impulsado una serie de medidas que buscan derribar los prejuicios y perjuicios que tiene la carrera docente y su ejercicio.

Si bien estas medidas han logrado atraer a un número no menor de postulantes para ser educadores, el problema radica en que estos posibles docentes carecen tanto de las condiciones laborales propicias, como de la vocación suficiente para formar a las futuras generaciones.


Las condiciones laborales actuales son paupérrimas para poder hacer bien un trabajo tan importante, ya que los profesores disponen de una cantidad desproporcionada de horas en aula versus las horas de planificación de clases, y sus salarios son inconsecuentes con la cantidad de trabajo que tienen (revisar pruebas, preparar clases, hacer guías y presentaciones). Además de esta lamentable situación, nos encontramos con que estos futuros docentes estudian pedagogía porque la carrera es de bajo costo y, a su vez, ofrece muchos beneficios, llegando a ser profesores personas que no tienen interés alguno en elevar el espíritu humano, ni en enseñar el amor a la verdad y, finalmente, al bien.

¿Cómo lograr una educación de calidad si los profesores, piezas clave en la educación, ven su trabajo obstaculizado tanto por las circunstancias como por la falta de voluntad que manifiestan algunos de ellos?

Es menester que los docentes vean reconocidos sus esfuerzos por educar a los jóvenes; es fundamental mostrar por qué el trabajo no solo debe hacerse, sino que debe hacerse bien. Pensamos que el educador debe lograr transmitir a sus alumnos el deseo de conocer, es decir, ha de infundir en el alma del educando la filosofía, ya que ésta no es más que el amor por la sabiduría.

Es necesario que los profesores lleguen a tal grado de perfección en su labor que sean capaces de adoptar su propio estilo de enseñanza, su propio método para traspasar el conocimiento, pues no solo sería una prueba de la consumada experticia del maestro, sino que permitiría la variación en las formas de aprendizaje, lo que conllevaría a una mayor motivación de sus estudiantes y, por consiguiente, a una mejor educación. En resumen, si vamos a hacer algo, lo tenemos que hacer bien.

Creo que el ejercicio de la pedagogía es tan importante que se debería someter a los profesores a un “Juramento Platónico”, esto es, a un juramento de honor, análogo al juramento hipocrático de los médicos, mediante el cual se comprometan a hacer todo lo que esté en sus manos por educar a sus alumnos como éstos merecen, y por seguir con rigurosidad las normas de la ética. Sólo así los profesionales docentes estarán contribuyendo efectivamente la sociedad. Proponemos un juramento que les muestre a los nuevos profesores la magnitud de la tarea que valientemente emprenderán durante toda su vida.

Diego Ojeda Soto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario