Hoy en día la educación se ha convertido en un constante foco de críticas en las que destacan: Las extensas jornadas a las cuales se ven sometidas los estudiantes, La calidad de los docentes que imparten clases, La poca remuneración y las malas condiciones laborales de los docentes lo que convierte a la pedagogía en una carrera mal vista, etc.
Dentro de todos los aspectos negativos que posee este sistema educativo hay uno que según mi opinión es el aspecto que es más importante a mejorar, ya que si este aspecto no está presente la educación se desvirtúa de su fin último que es educar a los alumnos en su integridad y de una manera tal que se le brinden herramientas al alumno para que se pueda desenvolver en el mundo exterior.
En este sistema se privilegia la cantidad de contenido, los cuales son en su mayoría temas que, luego de su etapa escolar, al alumno ya no le serán de utilidad real, y, si estos contenidos no se ven aplicados de alguna manera pasan a ser contenidos vacíos, contenidos que vagan por nuestro inconsciente ocupando un espacio dentro de nuestro cerebro que podría ser perfectamente empleado para aprender temas que sean más significativos para el alumno y que se tenga certeza de que el alumno va a ser capaz de emplear de alguna manera esos contenidos enseñados y que no solo serán materias que alguna vez me sirvieron para subir un poco mi promedio.
Subir el promedio, esa frase la llevamos todos los alumnos como Dios llevaba la cruz, nuestras notas son como una pesada mochila la cual tenemos que cargar más y más, casi por obligación ya que si no la cargamos tendremos un mal promedio NEM y por lo tanto nuestras posibilidades de educarnos en una universidad se reducen.
En este punto es donde la educación pierde su sentido empírico, ya que el alumno no busca educarse a modo de retroalimentación, sino que lo que busca es tener un buen puntaje en una prueba estandarizada en la cual el alumno “vomita” todo lo que aprendió en esas extenuantes jornadas de estudio para intentar memorizar lo mejor posible esos contenidos que, en el futuro, lo más probable es que jamás vuelva a tocar.
Gonzalo Quijada Iturra
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